Las PROPUESTAS POLITICAS QUE ESCAPAN A LA REALIDAD SOCIAL: Al analizar las distintas ofertas políticas que se presentan como alternativas por los diversos Partidos Políticos, está presente en ellos un mismo discurso: la política entendida como herramienta para el desarrollo de la economía, ignorando o descartando los factores no económicos (culturales, históricos, psicosociales, de hábitus), fundados en que éstos no son mensurables y, por tal, no evaluados por el análisis económico, por los economistas. Lo que determina que sus técnicos crean o entiendan que las sociedades se “ajustan” psicológica, social, cultural y políticamente a los cambios estructurales, a medida que se producen.
Al mismo tiempo, un proyecto político que se enfoca desde esa óptica puramente economicista, no logra advertir que lo evaluado como “obstáculos sociales” al desarrollo son conductas profundamente arraigadas en los hábitos y costumbres de los individuos de una comunidad, enmarcados en institucionalizadas prácticas sociales, que integran sistemas de valores con lo que deciden qué una cosas son buenas y otras malas, algunas más importantes y oras menos; y por sí valoradas al momento de construir las preferencias políticas por parte del electorado que, en definitiva, determinará el éxito o el fracaso del proyecto.
Por ende, se debe comprender a lo económico como naturalmente emanado de un proyecto histórico-político de carácter intrínsicamente nacional, social y cristiano-occidental.
En tal sentido, el objetivo fundamental es servir a la sociedad como un todo, y al hombre no sólo como sujeto natural sometido a necesidades materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual y espiritual. La actividad económica debe dirigirse a fines sociales y no individualistas, respondiendo a los requerimientos del hombre integrado en una comunidad y no a las apetencias personales.


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