Se ha venido resintiendo la relación Municipio-Vecino, por que se ha obstruido y enrarecido la participación política y social.
Si bien la democracia se materializa con la participación electoral, a través de la emisión del voto, ésta no es la única forma de participación política. Hay otras formas, previstas en la mayoría de las normas constitucionales provinciales u orgánicas municipales, como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular, procedimientos semidirectos de gobierno por el pueblo. Aún cuando legislados, son pocas las veces que se los ha aplicado en democracia.
Otra modalidad de participación es la social. Si bien las asociaciones de vecinos, cualquiera sea su denominación, interviene en pos de concretos cometidos e intereses barriales que hacen a la satisfacción de sus demandas, la participación social no es lo suficientemente profunda, pues no se han perfeccionado las organizaciones ni los canales de comunicación con el Municipio.
La organización vecinal ha sido fundamental en relación con el Municipio para concretar las obras públicas menores, como pavimento, alcantarillas, cloacas, alumbrado público, pero logrado estos cometidos y frente a nuevas demandas colectivas ha decaído la participación.
La comunidad no sólo demanda estas obras, sino que requiere otras que haga a la mejor calidad de vida urbana: salud, educación, esparcimientos, recreación, cultura, medio ambiente. Esto es lo que no se concreta, por eso decimos que se ve disminuida la participación social (1).
Las demandas de la comunidad local no son homogéneas ni iguales. Cada barrio presenta diferencias sociales, económicas, culturales que se traducen en distintos requerimientos. Cada sector territorial es un mundo, tiene sus particularidades, aún cuando presente demandas comunes a cualquier conglomerado social.
El Municipio no ha instado a una más profunda participación del vecino. Así, los Municipios más pequeños, si bien tiene una relación más inmediata con aquél, por insuficiencia o incapacidad técnica, administrativa o financiera, no puede dar respuestas a todas las exigencias de su comunidad. Los grandes municipios, los que conducen importantes conglomerados poblacionales están también alejados del vecino. Este se siente extraño al Municipio. A ello se suma el excesivo individualismo, la indiferencia frente al problema comunitario, el anonimato. Además, la crisis del Estado Municipal no escapa a la crisis del estado en general.
[1] Históricamente las Sociedades de Fomento se constituían como entes de reclamos del vecino ante la Municipalidad para conseguir los servicios elementales para el barrio, una vez conseguidos éstas desaparecieron las finalidades por el cual se constituyeron. Hoy deben bregar por reclamos ambientales, culturales, por mayor valor agregado a la calidad de vida de su gente.


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