Así, concluimos, que la construcción de la sociedad local es el desafío del Estado Municipal. Este es el rol que está llamado a cumplir, aún cuando no está sólo en el escenario territorial: lo local está cruzado por lo regional, por el mercado, por los otros niveles estatales, por decisiones que se toman en geografías lejanas.
Sin perder de vista ni desacreditar al Estado Nacional o Provincial (los que no pueden abdicar de la construcción de proyectos integrales, ligados a la identidad y al sentido de “Nación”), en el escenario de la globalización, los Municipios están llamados a ser quienes organicen y den sentido a las políticas de distinto origen que se aplican en el territorio. Anunciando sus debilidades, planteándose el desafío de su propia transformación, los Municipios deben ser capaces de convocar y ordenar las voluntades que se relacionan, de una u otra manera, con el espacio local.
Las nuevas urbanizaciones, las autopistas y los centros comerciales, el espacio virtual y la aldea global, pueden destruir la comunidad territorial. Pero también pueden potenciarla hasta límites insospechados, si el Municipio está en condiciones de planificar una estrategia que supere viejos organigramas y temores. El cometido último será, y en esto no hay discrepancias, CONSTRUIR COMUNIDAD, en esta, nuestra casa: Argentina.
Para lo cual, el Municipio - en general -, deberá enfrentar y resolver los siguientes problemas:
1.- Ausencia de un plan estratégico de gobierno: una sensación recurrente tanto entre los funcionarios como entre los agentes, es la de estar realizando acciones erráticas, que no responden a un plan preestablecido. Es como correr detrás de la zanahoria. El tiempo parece escurrirse atendiendo cuestiones urgentes, mientras grupos o individuos presionan sobre la organización hasta “arrebatarle” la respuesta que esperan.
2.- Tensión permanente entre la lógica política, la racionalidad técnica y la lógica administrativa: la convivencia conflictiva entre las distintas racionalidades da lugar a un conjunto de acciones de gobierno que no dan cuenta de la voluntad política originaria. Mientras se elabora el presupuesto según mecanismos de vieja data, se administran programas provinciales y nacionales de diversa índole, esta voluntad política se diluye y debilita.
3.- Organigramas distorsionados, con superposiciones y faltantes: la estructura orgánica responde a un modelo piramidal que hoy se debate por su incapacidad de dar respuestas a las demandas sociales actuales. Se observa una arquitectura sobredimensionada a nivel de jefaturas intermedias y procesos administrativos complejos por la prestación de servicios (ej. trámites de habilitación). Las jefaturas son productos de negociaciones salariales antes que una necesidad de la organización o del proyecto de gobierno. Por sus características, desalientan el trabajo en equipo.
4.- Baja productividad: existe la convicción, tanto en la sociedad como entre los propios integrantes de los gobiernos locales, que cualquier servicio prestado por el Municipio podría hacerse mucho mejor, con los mismos recursos. La normativa parece, incluso, poner trabas a la eficacia y la eficiencia. Los sistemas de evaluación y control son anacrónicos, de tipo ex-post.
5.- Problemas de recaudación. Bajos índice de cobrabilidad. Gestión económica difusa: los problemas de recaudación y los índices de cobrabilidad reflejan el desinterés social por el sostenimiento del aparato burocrático municipal. A este problema se le suma un débil poder de policía, que poco puede hacer frente a las deudas que se generan. Por otra parte, la realidad económica financiera del Estado-municipal es difusa. Evaluar la prestación de servicios en relación con la recaudación y los ingresos por coparticipación no es tarea sencilla, por lo que no siempre los municipios están dispuestos a encararla. En muchos casos, los gobierno municipales no tienen idea de lo que cuesta proporcionar los servicios que ofrecen, ni poseen sistemas de evaluación de calidad, ni saben hasta qué punto la prestación satisface a los destinatarios.
6.- Políticas de recursos humanos “de hecho”: no existen sistemas aceitados de convocatoria, selección, ingreso, inducción, capacitación y evaluación de desempeño, la que se vincula al fenómeno clientelístico ya mencionado. Cuando estos sistemas existen, se convierten en formalidades a cumplir. El régimen escalafonario, que generalmente agrupa al personal según categorías que no responden a las nuevas misiones institucionales, pierde vigencia y vigor normativo por alcanzarse rápidamente los niveles de máxima remuneración que propone.
7.- Participación comunitaria reciente, “sospechada” por el plantel burocrático: las nuevas formas de representación social no son reconocidas por el aparato burocrático. Por otra parte, la crisis de representatividad que golpea al Departamento Deliberativo aún no ha disparado en ese ámbito nuevas formas de participación.
8.- Espacio físico y recursos desaprovechados: la distribución del espacio institucional y del equipamiento es producto de las negociaciones y conflictos entre los núcleos internos de poder que luchan por su posesión, por lo que no responde a prioridades establecidas desde la conducción.
9.- Comunicaciones deficientes: no se realizan reuniones y no se administran comunicaciones escritas del tipo memos, notas, circulares, etc., que faciliten el intercambio. En relación con las reuniones que logran concretarse, los problemas organizativos suelen desprestigiarlas. En cuanto a las comunicaciones externas, se observan las tradicionales oficinas de prensa y difusión, desde las que no se plantea una política de comunicación social y atención al público.
La recuperación, restauración o revalorización del Municipio no vendrá dada ni se justificará porque lo disponga norma alguna, sino que será resultado de la imposición de la realidad social, en el contexto de la restauración de las instituciones democráticas y republicanas, como de la reconstrucción económica y social.
Por último, la institución MUNICIPAL tiene su razón de ser y existir en:
A) la satisfacción de necesidades colectivas y locales.
B) la imposibilidad fáctica de que la Administración Central Nacional o Provincial, puedan atender directamente las necesidades locales y dirigir y controlar las actividades y servicios que demande la satisfacción de esas necesidades.
C) la necesidad de descentralización del Estado Nacional o Provincial un conjunto de servicios públicos y sociales a favor del Municipio y en función de los complejos y esenciales cometidos que debe asumir la Nación y la Provincia.
D) la necesidad de establecer centros de poder local autónomo, respecto al gobierno central, para impedir el avance de éste y fortalecer el régimen democrático-representativo.

